NOTA: este cuento lo habia hecho para una asignacion pero vamos a publicarlo pa q lo vean. Es una reflexion y ps el q no lo haya leido q lo disfrute.
Aquel Recuerdo
Era otro día normal para el vendedor de la floristería, hombre humilde trabajador, envejeciendo pero aún mantiene energía. El día estaba lluvioso, y ningún cliente se veía en el camino, pues las calles estaban desoladas. El vendedor decide que era hora de cerrar, pues podía coger un resfriado. En ese momento se estaciona un carro nuevo frente la floristería, y de éste sale un hombre joven, vestido formalmente, aparentaba tener mucho dinero. El vendedor le pregunta: “¿Discúlpeme, desea usted algo?”. El joven le sonríe y dice: “Deseo comprar una de cada flor que usted tenga, por favor” El vendedor le pregunta: “¿Las desea en un ramillete?”. El joven le contesta: “Si puedes, te lo agradeceré”. El vendedor hace el ramo y se lo entrega, cobrándole $20 por éste. El joven se lo agradece y se monta en su automóvil, pero antes de irse le pregunta al vendedor: “Usted no quiere que lo lleve a su casa u otro sitio, no es bueno que se quede bajo este aguacero”. El vendedor sonrió y dijo que un poco de pon no le haría mal. En el camino, el vendedor le pregunta al joven: “¿Y para quién usted quiere llevarle estas flores, jovencito?” El joven le responde” “Es para una persona que yo amaba y quisiera ver, la extraño mucho”. El vendedor le responde: “Ya veo, ustedes se separaron o algo así, y ahora se van a reencontrar” El joven sonríe y responde: “Algo así”...
Pasa un rato de silencio y la lluvia comienza a cesar, y el joven detiene el auto y le dice al vendedor: “Usted me puede esperar un rato, voy a entregar estas flores y ver que sucede”. El vendedor le dice: “No hay problema, yo puedo esperar un rato, tranquilo”. El joven le responde: “Gracias”. Pasan los minutos y el joven no regresa, el vendedor se preocupa y decide buscarlo en caso de que haya sucedido lo peor. Cuando llega al lugar donde estaba el joven, este se encontraba arrodillado, de lágrimas. Estaban en un cementerio, frente a la tumba de una muchacha que murió a una corta edad. El vendedor lo mira con tristeza, y el joven le responde: “Ella era mi mejor amiga, siempre estábamos juntos, en las buenas y en las malas, ella siempre estaba ahí por mi. Pero un día, durante una actividad, en un mal evento del destino, la dispararon en mi presencia, y mientras estaba en mis brazos, ella me dijo que me amaba y que nunca supo como decírmelo, pues no sabía como reaccionaría. Yo le dije que me sentía igual, pero en ese momento ella fallece. Y ahora cada vez que el viento sopla, la siento y escucho sus murmullos, cada vez que duermo, sueño con ella. Tengo una vida perfecta, estoy en una buena universidad, tengo amigos y dinero, pero no es lo mismo sin ella.” El vendedor se limpia una lágrima de sus ojos, pone sus manos en el bolsillo, saca el dinero que el joven le dio por el ramo de flores y se lo devuelve. Pasa un momento de silencio y finalmente el vendedor responde: “Que extraña ocurrencia, para que veas como es la vida. Esa tumba que está a tu frente, es la tumba de... mi hija. Ella era mi orgullo y mi felicidad, y cuando la perdí, sentí que el mundo se me iba a caer, yo no tuve más hijos. Su presencia siempre estará en mi corazón, y aunque yo la extraño cada día, tengo que seguir viviendo. La vida está llena de tormentos y momentos difíciles, a veces uno se cuestiona cuánto en realidad vale vivir. Yo siempre tendré la esperanza de que algún día la volveré a ver, y seguiré pensando eso. Ya los años están afectándome, cada día tomando un poco más de mi, pero eso no me detiene, sigo adelante, ser feliz no siempre es lo único, hay mucho más, y más aún para ti, que sigues joven tienes una familia que te ama, tienes amistades, y tienes un buen futuro adelante. Lo tienes todo para poder ser feliz, y aún tienes ese recuerdo que te lo impide. Si te digo algo, yo estoy seguro que lo que mi hija desearía es que fueras feliz”. El joven se seca las lágrimas y abraza al vendedor, que le dice: “Todavía tienes una vida completa adelante, no todo será fácil, pero hay que seguir caminando, algún día mirarás este momento como una experiencia vivida, que te entregó sabiduría y creó fuerza a ese corazón de piedra que tienes” El joven le agradece todas aquellas palabras, y junto se van de brazos comenzando una nueva amistad, completamente desprovista, pero una segura obra del destino.